ALEPH 28-Jul-2012

Por: Redacción Heraldo

2012-07-28

El Chango y su Brújula El Chango Pons ha pasado a la historia. Es el primer leonés que, en 436 años, tiene en su mano una película de largometraje independiente pero realizada dentro de la industria. Esta es una de sus tantas paradojas. “La brújula la lleva el muerto” es cine, cine. Cine de autor en formato súper 16 milímetros. Es independiente en el sentido de que no busca un éxito de taquilla pero se produjo con personal sindicalizado. “Fue una monserga  -me decía Rodolfo Horner, maestro del Chango que asistió al rodaje- los del STYM traían muy mala actitud, le echaron a perder el sonido directo”. Pero el “espíritu del júbilo y del gozo” que motivó la realización de esta obra, terminó por ganárselos también a ellos. “Nosotros la hicimos para disfrutar nuestro trabajo -declara el autor-, si la hubiéramos hecho por dinero seríamos banqueros”. El Chango ha sido fiel a su sueño, ha seguido, sin desviarse un grado, la aguja magnética de su destino elegido. Siendo muy joven decidió hacer cine y lo está haciendo. Comenzó a escribir el guión de esta, su ópera prima, en el 2003. Nueve años de perseverancia, viviendo en Barcelona, le han permitido presentarla en el Festival Internacional de Cine de Tokio, en el de Los Ángeles y como profeta en su tierra, en el de Guanajuato. El pasado lunes 23 se exhibió, como première en México, en el Auditorio del Estado, dentro del GIFF. La película trata de un niño mexicano que, queriendo ir a Chicago, se une a un grupo de indocumentados, los cuales son traicionados por el pollero al que habían pagado y son capturados por la migra. El niño logra huir al desierto y encuentra a un indio que le da una brújula. También encuentra un viejo que accede a llevarlo en una carreta tirada por mulas. Cuando el viejo está tratando de utilizar la brújula una bala perdida lo mata. El niño -sentado junto al muerto que permanecerá ahí hasta el final, aferrando la brújula- toma las riendas y va recogiendo por el camino insólitos personajes que no tienen a dónde ir, ni por qué seguir con él. Mandan los cánones cinematográficos que el tema debe resumirse en una sola palabra, en este caso es la desorientación. En “La brújula la lleva el muerto”, el Chango decidió reducir al mínimo varios elementos del lenguaje cinematográfico con la intención de llegar a la conciencia del espectador sólo a través de las situaciones filmadas y crear en él una sensación: la desorientación. Lo consigue. Al término de la proyección alguien le preguntó si la película es una metáfora. “Lo es si ustedes, los espectadores quieren, nosotros no tuvimos esa intención”, respondió. A mí sí me remitió al concepto personal que tengo de un México desorientado, dándole vueltas a lo mismo por siglos, que pierde el rumbo, que no sabe del tiempo ni la distancia. “Es indispensable seguir haciendo cine -me decía Christian Jean después de verla- porque el cine es capaz de revelar la verdad”. El montaje le llevó años, revisó cada secuencia miles de veces en su laptop, moviendo los cortes una y otra vez por fracciones de segundo hasta que quedaran a la perfección. La música original es de Édgar Barroso, un talentoso compositor leonés que está terminando su doctorado en Harvard, amigo de la infancia del Chango. Juntos musicalizaron casi fotograma por fotograma, poniendo acentos, comas y puntos melódicos hasta hacer del soundtrack uno más de los personajes. El Chango, que nunca se quita su gorra de beisbolista y siempre trae un audífono en el oído derecho, la define como una “peli” sencilla y humilde, sin embargo, hacerla costó lo que una buena casa. Así de dificultoso es entrar a la industria cinematográfica. Muy pocos lo logran.
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