El nuevo marco alemán

Por: Redacción Heraldo

2012-10-15

Los cambios económicos no son una novedad para las naciones; el último ocurrió hace más de 200 años, cuando la Revolución Industrial condujo a la humanidad desde la economía agraria hacia el mundo industrializado, generando inestabilidad económica, inseguridad laboral y convulsión política y social. A finales de los años 70, el régimen del capitalismo industrial y el viejo sistema socialista soviético, entraron en crisis irreversibles que dieron inicio a la formación de un sistema de acumulación de capital altamente especulativo y transnacional, llamado Neoliberalismo. A principio de los años 80 se inició una nueva revolución en torno a la tecnología de la información, que ha derivado en la formación de redes virtuales y la integración electrónica de los medios de comunicación, presentando una visión cambiante de mundo en donde los negocios, principios económicos y premisas nacionalistas, moldean una nueva percepción de la realidad económica y social que presenta un panorama cuya interpretación parece casi imposible. En este nuevo milenio, las decisiones más relevantes para el futuro económico de las naciones europeas están siendo tomadas lejos de la voluntad de la población, bajo la influencia de una acumulación de riqueza especulativa y de una grave manipulación del poder político, que inició con El Tratado de Maastricht, cuando se acordó el nacimiento de la “moneda única europea”, denominada euro, y se cambiaron los tratados fundacionales de las naciones de la Unión Europea, olvidando la fallida experiencia de la “Unión Monetaria Latina”, la cual fue creada en el siglo XIX y que se desintegró estrepitosamente el siglo pasado, en los meses previos a la gran depresión económica de los años treinta. En estos momentos la Unión Europea no es una federación real, ni tampoco tiene un Banco Central Europeo que actúe como tal, presentándose casos de abandono financiero como el de España, que tiene cifras de déficit y de deuda pública similares a las de Gran Bretaña. En este paralelismo, los ingleses -sin estar integrados en la Unión Europea- han sobrellevado eficientemente la crisis económica mundial, ya que se financian a través del Banco de Inglaterra, con tipos de interés muy bajos. En cambio España, por el esquema del Banco Central Europeo, se financia con tasas de interés insoportables que estrangulan cada día a las empresas, Comunidades Autónomas y familias españolas. Recordando la historia de aquella Unión Monetaria Latina, el euro tiene sus días contados, sobre todo si consideramos que los alemanes aún tienen nostalgia por su moneda anterior, el viejo marco alemán, que nació en el año 1948, como bandera del milagro económico posterior a la Segunda Guerra Mundial. Cuando visitamos las ciudades alemanas, descubrimos que aún los comercios minoristas reciben con gusto las monedas o billetes denominados en esos marcos alemanes y, cuando queremos realizar alguna llamada telefónica de las cabinas de Deutsche Telekom, descubrimos que actualmente se aceptan los mismos marcos alemanes. Posiblemente el Nuevo Marco Alemán ya se está acuñando en las mentes de los políticos, empresarios, jóvenes y amas de casa de la reunificada Alemania, sobre todo en estos momentos en que todo el peso del salvamento económico de muchos países de la Unión Europea recae en el pueblo y Gobierno alemán. Alemania dejó una puerta abierta para abandonar en cualquier momento al sistema euro, ya que nunca estableció una fecha límite para cambiar sus antiguos marcos alemanes. La conversión de la masa monetaria denominada actualmente en euros, que se encuentra dentro del sistema financiero y comercial de Alemania, podría convertirse en nuevos marcos alemanes en muy poco tiempo; incluso resultaría mucho más fácil si el tipo de cambio de conversión del euro al nuevo marco alemán, se establece inicialmente bajo la paridad de un nuevo marco alemán por cada euro. Los cambios económicos que acontecen cada día tienen lugar ante el fracaso de la manera anterior de organizar la economía, y cuando existen ideales y fuerzas políticas suficientes para llevar adelante el cambio. El sistema socialista cayó por el agotamiento de la economía planificada y por su incapacidad de generar reformas económicas que dieran progreso y esperanza a su pueblo. La Unión Europea caerá muy pronto, por su falta de memoria histórica, al olvidar los errores y el fracaso de la Unión Monetaria Latina del siglo pasado, por fomentar un desarrollo económico sin desarrollo humano, por permitir naciones prisioneras de la opulencia y naciones prisioneras del desamparo, y por tolerar políticos vendedores de falsas ilusiones.
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